“Me parecería un grave error no seguir escribiendo libros para niños”. Blanca Lewin entrevista a Alejandro Zambra y Gabriela Lyon

26 Octubre 2022

En el reciente lanzamiento de "Mi opinión sobre las ardillas", la destacada actriz conversó con sus autores, en una instancia donde hablaron del origen del álbum, de su proceso creativo y de la llegada de Zambra al mundo de la LIJ: "Este libro surgió muy naturalmente y me parecería un grave error no seguir escribiendo para niños".

Blanca: Quiero partir preguntándole a los dos cómo trabajaron, porque Alejandro está viviendo en México y tú Gabriela vives acá. ¿Cómo fue el proceso de creación de este libro? ¿Cómo fue el intercambio entre el texto y la ilustración? Además, el libro es muy Alejandro y Silvestre… ¿Cómo lo hiciste, Gabriela, para conocerlos?

Gabriela: Alejandro y yo nos acabamos de conocer en persona. Hoy mismo. Antes solo habíamos hablado por Zoom, o por mail. Esto ya me ha pasado, es una magia que sucede al crear un libro que está escrito por una persona e ilustrado por otra. Esta magia se produce entre el escritor, la ilustradora, que en este caso soy yo, y la editorial, que se encarga de comunicarme todo lo que desea el escritor, para yo poder interpretarlo. Y eso es muy bonito, porque tiene relación con lo que pasó durante la pandemia, con el no poder comunicarse frente a frente. Hubiera sido genial poder estar con Alejandro y que él me hubiera expresado con su voz y sus gestos en persona su miedo a las ardillas, pero no era posible: el texto me llegó en pandemia. Y sucedió que a pesar de esa comunicación indirecta, pude interpretar en imágenes lo que Alejandro describía en palabras. Y yo no conocía tanto a Alejandro de cara, pero salió parecido y dicen que hasta el hijo se parece… son cosas extrañas que suceden en el mundo, en mi mundo de la ilustración.

Alejandro: Lo primero que me gustaría hacer es dar las gracias: a Gabriela, a todo el equipo de Ekaré Sur, especialmente a Lola por la génesis y la idea preliminar, pero también quiero lamentar la ausencia de mi hijo Silvestre, que hubiera estado feliz de estar acá, pero no pudimos viajar los tres juntos. Él ha estado al tanto de todo el proceso; tengo que llevar libros para todo su curso y quizá todo su colegio, creo que la edición se va a financiar sola…

En pandemia te preguntaban siempre qué estabas leyendo y esperaban que respondieras: La montaña mágica, el Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido, suponiendo que uno tendría mucho tiempo para leer. La verdad es que a nosotros nos salvó en la pandemia la maternidad y la paternidad. Era un tiempo muy angustioso, sobre todo desde México, con todos los amigos y la familia acá, mi tía Silvia que murió, fue todo muy triste. Entonces la opción era estar al frente del computador viendo cómo aumentaban los casos en todo el mundo o jugando con mi hijo. Fue una bendición estar dedicado a jugar y a leer libros para niños. Silvestre es un niño que no te perdona sus tres cuentos antes de dormir, mínimo diario, a veces son siete u ocho. Le gusta mucho y nos ha enseñado, a quienes tenemos una disposición literaria, otra literatura, que tiene algunas cosas muy hermosas, por ejemplo, que no importan los autores. Para los niños este va a ser el libro de la ardilla y qué importa quién lo escribió, ni siquiera importa tanto el título. Ese es un primer aprendizaje, una primera reivindicación; ojalá toda la literatura funcionara así, que nos interesaran los libros y no los autores. Un segundo aprendizaje es que la literatura infantil está ligada al juego, a la repetición. Cuando nos gusta una novela no estamos pensando en que la vamos a leer muchas veces; los papás nos aburrimos de leer siempre los mismos libros pero los niños pueden estar leyendo y releyendo, y la verdad es que eso está muy lindo.

Cuando Lola me dijo que por qué no escribía algo, yo ya lo había pensado muchas veces. Es una tradición nueva que estoy recién conociendo, pero intensamente; ahora, lejos la mejor biblioteca de la casa es la de Silvestre, la única donde efectivamente todos los libros han sido leídos muchas veces, no hay acumulación de libros sin leer. Yo venía pensando en el tema, pero lo que no quería hacer era lo clásico: crear un cuento que pudiera tener relevancia para un hipotético lector y que alguien simplemente lo ilustrara. Yo quería aprender, y aprendí muchísimo en esta pasada: había una idea y un texto, pero yo estaba también muy dispuesto a modificarlo en función de las imágenes y me interesaba mucho el relato paralelo. Al menos hay un relato paralelo siempre en los libros álbum, pero en este hay varios. Eso me parece precioso, saber que lo que está haciendo el papá o la mamá con su hijo es simultáneo, no solo yo estoy leyendo, sino que él también desde otro nivel, desde otro lugar, buscando otras cosas, disfrutando otras cosas. Eso es muy hermoso. Nosotros somos el medio, porque ellos leen a través de nosotros, y todo eso me parece muy hermoso.

Le he mostrado la maqueta del libro a mi esposa, Jazmina, a mi suegra, a muchos chilangos, y quedan completamente deslumbrados con las ilustraciones de Gabriela. Reconocen el parque de Chapultepec, que es emblemático y uno de los más hermosos del mundo, pero que no ha sido muy representado con este realismo minucioso y a la vez innovador que hay en las ilustraciones de Gabriela.

Silvestre también opinó muchísimas cosas puntuales sobre el libro: ¿Esta palabra o esta palabra? “No papá, esto suena mejor”. Tengo ganas de verlo y entregarle sus 400 ejemplares.

Alejandro, ¿te imaginaste alguna vez que ibas a escribir un libro para niños? 

Sí, me lo imaginé muchas veces antes. Nunca tuve un prejuicio de ninguna especie, pero sí respeto, no es llegar y hacerlo. Creo que fue natural cuando empezamos a leer muchos libros para niños y a entender esos dos o tres niveles que existen. Es una literatura que tiene todas las virtudes de la literatura y ninguno de los vicios; es muy pura y está ligada a la entretención, a la repetición y al juego. En realidad, toda la literatura debería estar ligada a eso. Salió solo y en realidad fue porque mi hijo se dio cuenta que me dan miedo las ardillas. Y me dan miedo, sí. La verdad es que son intimidantes: en Chapultepec llegan y te roban la comida, y uno siente que les debe algo, y seguramente es así. Entonces un día caminando por Chapultepec mi hijo me dijo: “Papá, tú me tomas la mano más fuerte cuando pasan ardillas, les tienes miedo”. Para salir del paso le dije que no estaba acostumbrado a las ardillas… pero es difícil engañarlo, y al final preferí asumirlo y confesarlo.

Gabriela, ¿cómo fue el proceso de creación de los personajes?

Hice varios intentos análogos, después solo grafito y nada de color; después pasó que quería traer algo del autor al libro -porque antes había hecho un padre y un hijo muy diferentes-, y de pronto apareció la cara de Alejandro y calzó muy bien. Pero salió casi intuitivamente ese retrato. Y a partir de ahí comenzaron a salir bocetos más coincidentes con lo que vemos ahora. Partí trabajando con una paleta muy acotada y me di cuenta que no tenía nada que ver con los colores de Chapultepec o el imaginario mexicano. Quise agregar eso. Es verdad que no hay muchas representaciones pictóricas sobre Chapultepec pero me tocó ver una, solamente una, al estilo impresionista de la época: era una explosión de colores. Esa es la que quise hacer para este libro. Nunca he estado en Chapultepec, pero por la magia de la ilustración y el cine logré reproducirlo.

Una pregunta para los dos: ¿Se inspiraron en otros libros? ¿Cuáles?

Gabriela: Es imposible para mí no recurrir a mis referentes de siempre, pero en el caso de este libro álbum es la novela gráfica en general. Tiene muchas escenas de viñetas, de una gráfica que es un poco más para adultos, pero ¿por qué no puede ser para niños si funciona tan bien?

Alejandro: Yo creo que en general lo que más me interesaba eran las reacciones de los niños. Hay un libro que no tiene nada que ver con este, pero que me gusta mucho: El libro sin dibujos, de B.J. Novak. El libro juega con eso de no tener ilustraciones, que es el libro más aburrido del mundo, pero te lo tienen que leer igual porque así funcionan los libros para niños. Silvestre se muere de la risa cada vez que lo leemos y yo juego siempre a que no quiero leerlo, a que vamos a leer cualquier libro menos ese. Y esa risa y esa felicidad es muy inspiradora. Y también de pronto esa seguridad en la lectura, volver y volver a un lugar seguro sin que importe la trama. De ahí yo creo que salió un poco el fraseo, que no es estrictamente secuencial. Eso se depuró, al principio era mucho más un cuento y se fue volviendo un álbum ilustrado, y eso a mí me gusta mucho.

¿Y como se imaginan que los niños van a recibir este texto?

Alejandro: Eso siempre es difícil de responder, para adultos o para niños… Ahí vamos a ver porque tengo muy de cerca a mi hijo, que es bastante autor y está muy entusiasmado. El año pasado, su mamá (Jazmina Barrera) publicó el libro Los nombres de los animales (Hueders, 2021) y él estaba muy feliz de que al fin escribiéramos libros para él. Estos son los libros que realmente le interesa que escribamos. Nos dijo una vez almorzando: “Yo también estoy escribiendo un libro”. Y qué libro, le preguntamos. “Un libro para adultos”, dijo.

Gabriela: Hay muchos secretos o easter eggs escondidos dentro de la lectura. Por ejemplo, se van a dar cuenta que uno de los libros que lee el papá es de una autora que existe y que tiene estrecha relación con el autor. Hay muchas cosas que van pasando adentro y que son lecturas paralelas que ayudan a profundizar la historia además de su texto. Eso es un juego para los lectores y lo tienen que leer a través del juego, de la repetición, de la búsqueda. ¿Por qué se repite un libro una y otra vez? Porque tiene todos esos elementos que uno va descubriendo de a poco.

Alejandro, tengo una pregunta para ti de la que pensaste que te ibas a librar por escribir un libro para niños y no para adultos: ¿Qué hay de ficción y no ficción en este texto? ¿De qué manera el hecho de ser papá impulsó este libro?

Bueno, todo nace de la vida, y este libro especialmente nace de la vida. Habría sido un poco ridículo distanciarse de eso. Al contrario, lo que yo quiero es construir proximidades. Este libro surgió muy naturalmente y me parecería un grave error no seguir escribiendo libros para niños. También es muy interesante salirse de la arrogancia de la literatura “para adultos”, aprovechar este reaprendizaje en que estamos todos de algún modo. A mí me ha servido mucho, más que la paternidad, la crianza. Y en particular, como soy escritor, el acompañar a alguien en los años en que aprende a hablar, que no tiene que ver con maternidades o paternidades; también quienes tienen hermanos chicos han vivido eso que realmente te vuela la cabeza, es hermosísimo y cambia tu idea del lenguaje. Si trabajas con las palabras eso tiene consecuencias, y yo creo que esta es una de esas consecuencias, que a veces te lleva hacia la duda, a veces a la exploración, pero es muy hermoso… En pandemia mi hijo me estaba contando algo y yo le pregunté: ¿Cuándo pasó eso? “Casi hoy”, me dijo. Él conocía la palabra “ayer” pero prefirió usar el “casi hoy” y yo pensé, claro, en eso estamos hace dos años. Esas cosas uno las va coleccionando y aprendiendo y me parece que es algo que él supo expresar mejor que yo.

Gabriela, ¿hay alguna parte del libro que te haya costado más ilustrar?

Tengo que confesar algo: no entendía el terror a las ardillas de Alejandro. Empecé a investigar su obra y leí Poeta chileno… ¡y ahí entendí! Sentí empatía y empecé a dibujar creyendo realmente en el terror a las ardillas del papá.

Alejandro, acabas de decir que sería una tontera no seguir escribiendo libros para niños, ¿tienes algunas ideas?

Sí, un par que estamos conversando con Lola. En los libros para niños se cede hermosa y graciosamente la autoría, es más colectivo, entonces mis ideas son muy potenciales.

Volviendo a lo que decía Gabriela, es una paradoja que estemos en un lugar libre de ardillas. No les tengo tanto miedo ahora, gracias a este libro lo he superado un poco. Voy cada vez mejor en el proceso, pero es que tienen mucha confianza en sí mismas… lo que por cierto está muy bien.

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