Las Aventuras del Hombre Pájaro, por Germán Gautier

27 Marzo, 2017 Published by

…El canto es un misterio de la boca

La boca es un abismo antes del pecho

El pecho es otro abismo entre dos sangres

La sangre es el motor que nutre el acto…

“La vida total”

Patricio Manns

Caldero hirviente y rebosante de un cúmulo de bellas artes, la ópera es una de las grandes creaciones artísticas de los tiempos modernos. Música, poesía, danza, escultura, se entremezclan para crear un espectáculo en esencia armónico e intenso. En Chile, su influjo se debe a la incansable labor cultural de Isidora Zegers. Admiradora confesa del compositor italiano Gioachino Rossini, con ella el oído criollo se afinó a lo largo de la primera mitad del siglo XIX mediante nuevas propuestas escénicas. La primera ópera íntegramente estrenada en el país fue El engaño feliz -del propio Rossini- y ya en 1857 el Teatro Municipal abría sus puertas, transformándose en la gran casa de la ópera.

Lejos está de ser la aristocracia el público excluyente de las veladas actuales. Más de 150 temporadas después, la ópera ha quebrado moldes y estereotipos. Tal vez en el boca a boca siga estando ligada a una disciplina elitista, pero lo cierto es que muchas acciones indican lo contrario. El libro Las aventuras del Hombre Pájaro es, por supuesto, una de ellas. ¿Otra? Hace casi once años el Municipal mantiene con éxito el programa Pequeño Municipal: temporadas de ópera, ballet y conciertos para niños y jóvenes, que congrega anualmente más de 40 mil personas, entre ellos, miles de estudiantes.

Si un escolar pudiera ir a la biblioteca de su colegio y leer Las aventuras del Hombre Pájaro, podría transformarse en un Papageno. A lo mejor con la misma cara de sorpresa con que lo figura en la primera página la ilustradora Gabriela Lyon, se preguntaría qué es un Papageno. Luego, parsimonioso, seguiría entrando en el mundo de las aventuras hasta escuchar las campanillas mágicas que, en vez de llevarlo, siempre alegre, a la comprensión de este enigmático personaje, lo devolverían raudo a clases porque el primer recreo recién terminó.

Cierto. El libro retruca en saltos continuos entre dos mundos: el de la ficción y el de la información. La batuta la lleva Papageno, un joven común y silvestre, que no solo ha perdido su camino, sino también sus colores. En un carboncillo muy sutil viaja -siempre intrépido- junto a su perro. Así, su instinto por atrapar en su red a lindas mujeres, lo lleva hasta una ciudad muy ajetreada. La ópera Carmen, de Georges Bizet, es su primera parada.

Aquí se produce de inmediato un impacto visual. El blanco y negro de Papageno y sus plumas desaliñadas, contrastan con la escenografía y magnificencia del vestuario del elenco de Carmen. De este cuadro sevillano, espléndidamente diseñado por Germán Droghetti, emerge una vendedora sevillana, que interpela al Hombre Pájaro. Este encuentro disparatado logra crear una atractiva atmósfera, llena de diálogos y malos entendidos, de la cual Papageno saldrá desilusionado. Él, definitivamente, no pertenece a ese mundo de gitanas, soldados y toreros.

Así, caemos con suavidad de la fantasía entablada entre Papageno y la vendedora, a un recuadro informativo con la historia de Carmen. No llega a ser un golpe rudo. Uno, porque el texto es breve y está muy bien narrado; y dos, porque los personajes que aparecen a un lado del recuadro ya los conocemos de la escenografía y, esta vez, en una ilustración de cuerpo entero observamos en detalle su vestimenta, sus roles y las voces líricas con que interpretan la ópera.

Este juego del desengaño y la esperanza de Papageno se repite con El Holandés Errante, El Elixir de Amor y Madame Butterfly. Y, como en Carmen, de cada una de estas óperas brota un interlocutor: un marinero, una lavandera, una costurera. La agilidad del relato se debe en gran parte a la pluma de Pablo Álvarez y el trabajo gráfico de Gabriela Lyon. Es justamente en las transiciones donde se refleja la tensión dramática del texto. Al mismo tiempo que nos enteramos de las tramas de las más connotadas obras, sentimos una inmensa empatía con Papageno y su objetivo de llegar donde pertenece. En este sentido, el perro, tanto como compañero del Hombre Pájaro y elemento recurrente en la obra gráfica de la ilustradora, otorga una agilidad visual, una energía al libro, que lo ubica como un gran personaje secundario.

Ya sobre el final, y con toques de humor, somos testigos de un Papageno no tan alegre. Su norte parece más extraviado que nunca. Cansado, sin mujer que lo quiera, y lejos de su país, parece echado a su suerte. Finalmente, en el peregrinaje del Hombre Pájaro hay un Ítaca y este no puede ser otro que La Flauta Mágica. En el bosque recupera los colores y encuentra a la bella Mujer Pájaro, la Papagena.

Posiblemente, aquel o aquella escolar que tomó este libro durante el primer recreo ya sienta una relación familiar con Papageno. ¿La habrán sorprendido estos dramas despiadados? ¿Se habrá impresionado con sus distinguidas vestimentas? ¿Querrá oír un aria como el Hombre o la Mujer Pájaro?

Un último apartado informativo se extiende con mayor precisión sobre las cinco óperas presentadas. El trabajo en los textos de José Manuel Izquierdo complementa muy bien el tema abordado con los tipos de ópera, los roles y las voces. Las aventuras del Hombre Pájaro es en su conjunto un libro redondo, híbrido en su estructura, y editado con gran talento por el sello Ekaré Sur, en alianza con el Muncipal de Santiago. La ópera dentro de la literatura infantil en Latinoamérica muestra solo un pequeño abanico de títulos. Así como hace unos años la misma editorial lo hizo con ¡Bravo, Rosina!, este género teatral y musical requiere más vitrinas. Aquí ya hay un imprescindible.

 

Germán Gautier es periodista y estudiante del diplomado FLIJ (PUC). Forma parte del equipo de comunicaciones de Fundación La Fuente e integra el Comité de valoración de libros infantiles y juveniles de Troquel, el Centro de Estudios de Fundación La Fuente.